también. Estás al borde de la ruina. Tal vez de la cárcel. En estas condiciones,
el único que puede salvarte soy yo.
-Quién es usted?-
-Un viejo amigo. Cuando eras niño y tenías fe, soñabas conmigo muchas
noches. ¿No te acuerdas de mí?
-Creo que he visto esa cara alguna vez... no sé dónde.
-En un libro de estampas que tenía tu madre, donde se hablaba ingenuamente
del cielo y del infierno. ¿Recuerdas? Pagina octava... a la izquierda.
-¿Entre una nube de humo? ¿Con una capa roja y una pluma de gallo?
-Era el traje de la época. Ha habido que cambiar un poco la tramoya y la
guardarropía, para ponerse a tono.
(LA BARCA SIN PESCADOR)

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